Los hombres se quedaron callados ante mi orden.
—¿Pasa algo?
¿Me temes? Sonreí, arqueé una ceja. Mejor no preguntes una mierda, porque vas para el matadero.
—¿Debería pasar algo? —Le respondí, negó con premura—. Necesito hablar con mi gente.
—Sí señor.
—¡Señoras y señores! —No sé quién hablaba por el micrófono—. Tenemos una presentación, los invitamos a que miren a dichas ricuras.
Recordé la mañana del ensayo con las putas, deben ser ellas. Debió de ser alguna de ellas quien le comentó lo del c