Llegué a la casa con una sonrisa que no pude borrármela por más caras de asombro por parte del personal que me cuida. El recibimiento de Cebolla fue muy explícito.
—Al menos hoy no nos dejarán trabajando sin alimentarnos. —fingí seriedad—. Lo siento Patrón. —bajó la mirada.
—Patrón. —llamó Rata—. En el despacho dejé la encomienda, debe probársela. Es agradable verte esa cara, pensaba si venías igual al día de ayer te daría una paliza.
—¡No jodan!
Contesté, fui al despacho. Al ingresar, en el es