Verónica lloraba, Rata la jalaba para meterla en el túnel de hojas, pero esos ojos era una súplica.
—Rata…
—No hay nada que hacer. —Ella no escuchaba la conversación.
—El Negro.
Lo llamé era uno de los hombres en el interior de la casa.
—¡Patrón está mierda, está que arde!
—Lo sé, sal de ahí, están matando a todo el mundo, si de camino ves a Lorena sácala por favor.
La voz de El Negro se escuchaba agitada y los tiros seguían sin detenerse. Estábamos en una casaría.
—Lo haré.
—¡Pero sal tú gonor