Veo a mi mujer en el balcón de la casa, debe ser la vejez, pero le gusta levantarse temprano para mirar a nuestros nietos mayores jugar en los corrales. Besé su cuello y la abracé por la espalda.
—Hola, Cielo. —Se aferró más a mi abrazo.
—¿En qué piensas?
—Honestamente, en la maravillosa vida que he tenido a tu lado durante todos estos años.
Se giró y vi su rostro, ver el paso de los años en ella me hacen sentir alagado, se quedó a mi lado.
—Yo agradezco que esos bellos ojos miel siempre br