Capítulo 22.
Violeta.
Los días previos al Festival de la Luna habían convertido la Casa Alfa en algo más parecido a una colmena que a un hogar. Cada pasillo parecía tener a alguien cargando faroles, o ropa de cama, o cajas de flores secas para las guirnaldas, y el personal de cocina había empezado a quejarse del sueño de la misma manera en que los soldados se quejarían de las raciones: como si fuera un recurso peligrosamente escaso.
Honestamente, no me molestaba el ritmo. Manos ocupadas significaban mente o