Capítulo 23.
Violeta.
No había dormido bien.
El informe, los pasos, la forma en que había vuelto a meter el documento en la pila y me había puesto a doblar ropa de cama hasta que quien fuera que se acercaba resultó ser solo otra sirvienta pasando por el corredor: nada de eso me había dejado en paz desde entonces. Seguía repitiendo en mi mente el sonido de esos pasos, el medio segundo de terror puro y en blanco antes de reconocerlos como ordinarios, tranquilos, del todo inofensivos.
No había sido nada. Y aun