Capítulo 21.
Virgil.
Los informes habían estado sobre mi escritorio desde el amanecer, y había leído el mismo párrafo sobre la patrulla de la frontera este tres veces sin absorber una sola palabra.
Eso nunca me había pasado antes. Ni en los años que llevaba dirigiendo los asuntos de Ciudad Plateada, ni durante sequías, ni disputas, ni las largas y agotadoras negociaciones con las manadas del norte. Siempre había sido capaz de fijar mi mente en una tarea y mantenerla ahí hasta terminarla. Era, si era sincero