Desperté en una habitación de mi hospital. Veía estrellas por todo sitio, me dolía la cabeza, tenía arcadas y quería dormirme otra vez. El doctor Harry me atendió. -No tiene fisuras ni facturas, señorita Monroe, afortunadamente el terrible golpe que se dio contra la mesa, rompiendo las botellas y vasos, no tuvo consecuencias, ha tenido mucha suerte, en realidad-, me dijo sonriente, queriendo reconfortarme.
Yo abanicaba mis ojos tratando de acostumbrarme a las fuertes luces de mi habitació