Pero ocurrió lo peor. Hubert no supo convivir con la fama, se pensó en el pináculo de la gloria, y ¡pum! y el dinero que ganaba lo malgastaba, al momento, con sus amigos en grandes borracheras y orgías con mujerzuelas de toda calaña.
La dolce vita se hizo incluso en mayor dimensión y frecuencia, incluso Hubert se perdía por varios días consecutivos, hasta semanas enteras. Su petulancia se infló como globo aerostático y fue entonces que Hubert me pegó.
Les soy sincera, yo jamás hub