Hubert bebió más de la cuenta en la recepción y quedó tan ebrio que apenas podía sostenerse. Gritaba enardecido que era el hombre más afortunado del mundo, prometía a chillidos que me haría muy feliz, que tendríamos mil hijos y que ahora su carrera musical despegaría definitivamente.
-¡¡¡Me casé con la mujer más bella del mundo!!!-, no dejaba de pregonar a los cuatro vientos, ganándose vivas, hurras, vítores y muchos aplausos de la infinidad d invitados a la boda.
Yo estaba muy fasti