Mi marido y los otros sujetos estaban con los dorsos desnudos y lucían pantalones de cuero y botas extravagantes y llevaban guantes. En sus pechos colgaban cadenas y esclavas de demonios y otras cosas tenebrosas y satánicas. Parecían salidos de un culto demoníaco.
Me espanté y subí a toda prisa a mi habitación y me puse a temblar como una adolescente que había hecho una travesura.
Los otros días ocurrió lo mismo. Varias muchachas eran amarradas, amordazadas, azotadas, humilladas de difer