Ya les digo que en la vida no hay casualidades y que el destino ya tiene elegido el derrotero de una, como si fuera un libro cuyos párrafos hay que cumplir a rajatabla. A Ralph Medel lo conocí, justamente en el hipódromo. Él era comandante de la división de homicidios de la policía y esa tarde se disputó el gran premio en homenaje a los valerosos y destacados hombres que defienden la justicia en el país. Él ya había llamado mi atención, cuando llegó con su uniforme de gala, altivo, omnipoten