Él prosiguió saludando a otros propietarios mientras yo quedé allí estática, congelada, anonadada por completo, tanto que Helen tuvo que pellizcarme muy fuerte. -¡¡¡Despierta, tonta!!!-, me zarandeó enojada.
-Es un rorro-, seguí balbuceando eclipsada a Ralph, seducida por su encanto viril, su espalda grande, sus piernas bien formadas y esos brazos que ansiaba me envolvieran y disfruten de mis curvas a su libre albedrío.
Creo que nunca grité tanto en mi vida, luego que "Azul intenso" cruz