Al final, después de tanta insistencia, viéndome tan terca y obstinada, Malin pareció rendirse. Estiró una risa que se le hizo muy difícil esculpir en sus toscos y ásperos labios. Volvió la mirada hacia su caballo que ya se prestaba a dirigirse al punto de partida para la competencia y asintió con la cabeza. -Veremos, pues, señorita-, fue exactamente lo que dijo.
Yo estaba segura que me vendería el stud. Lo que hice fue darle un besote en la mejilla y luego me fui al palco principal del hip