Cuando los dos entraron en el pueblo, la escena que se desplegaba ante sus ojos fue, sin duda alguna, algo que les sorprendió demasiado.
Marta tenía la intención de ir directo a cambiar los insectos mágicos, pero Juan la detuvo, tomándola en ese momento de la mano y llevándola hacia un edificio que parecía ser una especie de taberna.
Dentro de la taberna no había mucha gente; solo había unas tres o cinco mesas ocupadas, mientras que las demás estaban vacías.
Juan y Marta eligieron una mesa libre