Denisse, cada vez más descarada, seguía hablando sin reparo alguno hasta que Juan, levantando su copa de vino, señaló la puerta, sugiriendo que, si tanto le interesaban, podía salir con tranquilidad a confraternizar con esas entidades.
Solo entonces Denisse se calló, dejando de decir tonterías.
Juan, por su parte, decidió regresar en ese momento al interior, cerrar la puerta y descansar. En cuanto a Denisse, quién sabe si necesitaba dormir o no.
Pero, durmió profundamente hasta el amanecer.
A la