Durante el trayecto, el ambiente en el coche permaneció en silencio. Alicia y Amapola parecían sumidas en sus pensamientos, y Juan, al notar la fuerte tensión, decidió no preguntar.
No pasó mucho tiempo antes de que el auto llegara al Panteón de los Ángeles.
—Señor González, le agradecería si pudiera esperarnos aquí un momento. Vamos a rendir homenaje a mi maestro, —dijo Alicia mientras bajaba del coche, llevando consigo un pesado maletín negro.
—Claro, —respondió Juan con calma, observando cómo