Por la mañana siguiente:
Gabriela había ido muy temprano al supermercado, compró pescado fresco, bayas para dárselo a su esposo.
También trajo avena, miel, huevos y verduras frescas. Empezó a preparar el desayuno mientras todavía dormía el resto de la gente.
Alguien se levantó de su sueño oscuro al olfatear el olor a comida sabrosa, esta era Micaela, ella bajó corriendo y vió a la que consideraba la culpable de su tristeza y desgracia.
—Vaya que te dignaste a salir de tu habitación, ¡mujerzuela