77. Te quiero
Charlie y Noah llegaron al apartamento. Abrir esa puerta se volvió algo agridulce, porque ahora debían despedirse del que se había convertido en su hogar, pero no era momento de pensar en eso, entonces el mayor tragó saliva y le sonrió a su hijo.
—Ve a lavarte las manos y recoge el desorden de tu habitación, que Ale no debe demorar en llegar —le pidió y el niño corrió entusiasmado.
Noah fue directamente a la cocina y mientras se lavaba las manos, no pudo evitar la ansiedad que le daba el pensar