La transmisión de la conferencia todavía resonaba en todos los medios. No solo Alan la había visto. También Emma y Julia, en su casa, con la televisión encendida.
Julia apretaba los puños, sus ojos brillaban de furia.
—Te lo dije, mamá —soltó con rabia—. Esa oportunista solo estaba esperando el menor momento para meterse por los ojos de Alexander. Ahora será su esposa. ¡Ese lugar tenía que ser para mí!
Emma, con un gesto severo, no apartó la vista de la pantalla.
—Tenemos que apresurar los plan