El murmullo en la sala era ensordecedor, los periodistas se empujaban por ganar espacio, los flashes no dejaban de estallar. Sentía el corazón latiendo tan fuerte que temía que se escuchara en los micrófonos. Alexander, en cambio, se mostraba inmutable, sentado con el porte de un rey en su trono, esperando el momento exacto para hablar.
El portavoz de la compañía anunció:
—Damos inicio a esta conferencia de prensa. El señor King hará una declaración y después se responderán algunas preguntas.
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