La mansión de los King estaba en silencio aquella mañana, pero en otra parte de la ciudad, en la casa de Emma, las malvadas mujeres ultimaban los detalles de su venganza.
Emma marcó el número con rapidez y puso el altavoz. A los pocos tonos, una voz serena y conocida respondió.
—¿Señora Emma?
—Amanda, cariño, cuánto tiempo sin escucharte. —La voz de Emma era melosa, casi maternal—. ¿Puedes venir ahora mismo? Victoria y yo te necesitamos con urgencia.
Media hora después, la puerta se abrió y e