Alan me sujetó con violencia, sacudiéndome como un demente. Su rostro estaba desencajado por la furia.
—Dime quién te dio ese anillo, Aurora. ¡Dime su nombre ahora mismo! ¿De verdad piensas que voy a dejar que te cases con otro? Estás muy equivocada. Vas a lamentar haberme engañado.
—¿Engañarte yo? —le respondí, sin poder contener la rabia—. No tienes vergüenza, Alan. ¿Con qué cara me reclamas, cuando tú llevas acostándote con Karoline desde que ella regresó? Antes me dolía cómo me tratabas, co