La unidad de cuidados intensivos estaba sumida en un silencio inquietante; el aire era tan denso, tan cargado de tensión, que parecía imposible respirar. Alexander daba vueltas por todos lados, incapaz de mantenerse quieto, tratando de no perder la cabeza mientras Mel y Richard hacían lo posible por infundirle ánimos.
Cuando los médicos salieron, la gravedad en sus rostros habló antes que cualquiera de sus palabras. Alexander sintió una presión brutal en el pecho, un presentimiento oscuro que l