Victoria entró a la mansión King como un vendaval helado, rompiendo la burbuja de alegría. Todos quedaron en shock al verla, no podían creer la desfachatez de la malvada mujer al presentarse en la casa a pesar de que sabía que aquello podría causarle al niño una reacción catastrófica.
—¿Cómo te atreves? —susurró Alexander, su voz tensa y peligrosa, para que nadie pudiera escucharlo, acercándose a ella.
—Alexander, he venido aquí porque tú no me has dejado otra opción —dijo Victoria, con una fal