Mel fue quien abrió la puerta. Yo estaba todavía en el comedor, ajustando los últimos detalles de la mesa, cuando escuché la voz de un hombre.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Mel, sorprendida.
—Lo mismo podría preguntar yo —replicó él con un tono firme.
No lo podía creer, definitivamente el mundo era un pañuelo, por la forma en la que los dos se comportaban pude intuir inmediatamente que el invitado de Alexander y el hombre con el que mi amiga había coincidido eran la misma persona.
—No me digas qu