La villa era un lugar amplio y acogedor, rodeado de silencio y naturaleza. Caminé por los pasillos explorando cada rincón: los ventanales daban a los jardines, el aire fresco se colaba por todas partes y el ambiente tenía algo de mágico.
Mientras recorría una galería llena de cuadros, Max llegó corriendo hacia mí, con esa sonrisa que siempre iluminaba todo a su alrededor.
—Mamita —me dijo con entusiasmo—, mi amigo me visitó en mis sueños.
Me detuve en seco. Sentí que el corazón me palpitaba con