El coche yacía destrozado contra el terraplén. El violento impacto había colapsado la carrocería, concentrando el daño mayormente en el lado del conductor. La escena era desoladora.
En cuestión de minutos, el estridente ulular de las sirenas rompió el silencio de la carretera. Los equipos de emergencia paramédicos y bomberos llegaron al lugar y comenzaron a evaluar la situación con una urgencia palpable.
—¡Tenemos dos víctimas atrapadas! —gritó el jefe de bomberos, su voz resonando sobre el m