El silencio tenso del pasillo de la UCI fue destrozado por el sonido agudo y constante de la alarma en la habitación de Aurora. Un chillido electrónico, largo y desesperado, que indicaba el colapso de los signos vitales.
Los médicos y enfermeras, ya agotados, corrieron hacia la habitación, sus rostros contraídos por la urgencia.
En la sala de espera, el sonido de la alarma golpeó a Alexander como una descarga eléctrica. Se puso de pie de golpe, sus ojos desorbitados por el pánico.
—¡No! ¡No, Au