La paz que sentía en la mansión después del juicio era una sensación extraña, casi perfecta para ser real. Pasé gran parte de la tarde abrazada a Max, sintiendo su risa como un bálsamo para mi alma. Sin embargo, en algún rincón de mi mente, un presentimiento oscuro persistía. Sentía que, aunque el monstruo de Victoria estaba tras las rejas, todavía quedaban hilos sueltos de mi pasado que no me dejaban descansar.
Lo que yo no sabía en ese momento era que, en otro lugar de la ciudad, el hombre q