Luego de haber estado con su amiga en el hospital, Aurora regresó a casa. La tensión se había instalado en sus hombros. Mel le había pedido que no le dijera nada a Alexander respecto a su embarazo, porque corrían el riesgo de que él, en un intento por ayudar, pudiera comentárselo a Richard. Pero Aurora no estaba acostumbrada a mentirle a su esposo por lo que El debate interno era inevitable, y la culpa comenzaba a picarle la conciencia.
Se encontraba en el gran comedor de la mansión, una sala