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Todo me da vueltas, siento unas grandes ganas de vomitar, siento el vacío de mi estómago dándome a entender que he pasado horas en este lugar extraño. Trato de ver algo, pero, me doy cuenta que aún tengo el pedazo de tela negra que cubre mis ojos. Al parecer estoy sentada en la silla y mis manos están amarradas, tan fuerte que siento que la soga o lo que sea que me sostiene, quema mi piel.
—¡Ayu…da! —mi voz suena tan débil. Me siento tan débil.
Trato de soltarme, pero, es imposible. Mis pies