**SANTIAGO**
La luz del mediodía se filtra por las cortinas, bañando la cama con un resplandor tenue. Su calor choca contra el ardor que aún persiste en mi piel, un eco de la noche que quedó grabado en mi memoria. Respiro hondo, disfrutando de la inusual tranquilidad que me envuelve. No hay prisas, solo la certeza de que ella está aquí, conmigo.
Extiendo la mano, buscando su cuerpo, ansioso por atraerla una vez más, por alargar este momento un poco más. Pero el espacio a mi lado está vacío, la