El estruendo de los aplausos aún suena en mis oídos cuando bajo del escenario con pasos medidos. Mantengo una expresión neutral, imperturbable, pero por dentro, una tormenta se agita en mi pecho. La diferencia de puntuación entre Andrea y yo me pesa más de lo que quiero admitir. He sido superado. No solo en números, sino en presencia, en impacto. Y la persona que lo logró es nada más y nada menos que mi esposa.
Los murmullos de los asistentes son una sinfonía de comentarios y felicitaciones. Al