La luz tenue del dormitorio se filtraba entre las cortinas, proyectando sombras suaves en las paredes. La penumbra convertía la habitación en un refugio silencioso, pero mi mente no encontraba descanso. Mi cuerpo aún estaba tenso, atrapado entre la emoción y la incertidumbre del susto de la mañana. Sentía el eco de mi propio latido en las sienes, un recordatorio constante de que algo dentro de mí seguía en estado de alerta.
Me pasé la mano por el rostro y exhalé despacio, intentando disipar la