**LEONARDO**
El licor ardía en mi garganta, pero ni siquiera eso lograba calmar el torbellino de pensamientos que me consumían. Giré el vaso en mis manos, observando el remolino ámbar del whisky como si en él pudiera encontrar respuestas, aunque sabía que ninguna vendría de ahí.
El bar estaba casi vacío. Apenas un par de almas errantes ocupaban las mesas más apartadas, cada una sumida en su propio infierno personal. La tenue melodía de jazz que flotaba en el aire y el murmullo lejano de la tele