**CAMILA**
—Se equivoca, profesor. Somos cuatro.
Leonardo mira a Santiago, y este le devuelve la mirada con una mezcla de confusión y alarma. La tensión se posa sobre sus hombros como una losa invisible pero abrumadora. Sus ojos buscan respuestas, pero todas están en mí.
¿Pero de quién estás hablando? —pregunta Santiago con el entrecejo fruncido, la voz densa, cargada de una desconfianza que apenas logra disfrazar.
—¿De quién más? —respondo, dejando que el misterio flote.
Y entonces, como si el