Poco tiempo después, los tres estaban entrando a la estación de policía. Las miradas eran todas hacía ellos, era más que obvio que ninguno de los tres pertenecía a ese lugar.
—Pero miren, ahora dejan entrar a cualquiera —escuchan la burla detrás de ellos.
—No te preocupes, Cooper —habla Ian—. Haremos lo posible para que no te dejen volver a entrar.
—Siempre tan creativo, Russel —se mofa—. ¿Cómo le está yendo la vida de casado, Medina?
—Excelente, como en todo —responde con egocentrismo provocan