Alma entregó todo de sí en ese beso. Besó amando el sabor de Piero y la nula dominación que él tenía sobre su propio cuerpo. Parecía como si quería imprimirse en su piel. Apretaba sus nalgas y le daba ligeros mordiscos en cuello y hombro que solo la excitaban más.
Lamentablemente, así como empezó, terminó. De repente, Piero la alejó bruscamente de él y se quedó a su lado, como repasando lo sucedido hace unos instantes. Se fregó la cara con evidente frustración y Alma sabía que lo próximo que es