—Ohh Dante... — llevó su mano a sus labios, emocionada— tu me demostraste siempre cuánto me amabas. Antes y ahora. No necesitas hacer nada extra. Yo también te amo y me encantaría que nos volvamos a casar, a renovar nuestros votos.
—¿Entonces si? — le colocó el delicado anillo. Oro blanco engarzado con tres gemas, las señaló y prosiguió— uno por cada hijo que tendremos, hace algunos meses, cuando nos enteramos de tu embarazo, hablamos de un número. El tres era genial entonces. ¿aún vamos por es