Alina subió despacio, ya se sentía bien. Pero no le gustó estar en un hospital, era como estar presa. Así que era mejor ser precavida.
Cuando llegó golpeó la puerta y al no recibir contestación giró el pomo, entrando. Su prima estaba sentada en el alfeizar de la ventana con la cabeza entre las piernas.
—Alma…
—Creí haber cerrado con pestillo— la escuchó murmurar— Alina, de verdad quiero estar sola— su tono era seco y bastante ausente.
—No puedo dejarte sola. ¿Qué sucede? estoy preocupada por ti