No soy como él.
Anastasia.

Observé a Leónidas con el puño hinchado… Por mí.

Tragué hondo.

—Eso no se ve bien —dije por fin, y crucé los brazos para ocultar mi pequeño temblor—. Necesita algo de hielo, tratarlo.

Pero él no respondió.

El hombre seguro y algo frío se había ido, siendo reemplazado por una máscara invisible de dolor y odio.

Culpaba a Lucius por eso.

Exhalé.

—Vamos a curarlo —dije rápido, antes de que pudiera rechazarme—. Usted no es el de las manos fuertes. Vamos.

Sus ojos azules volvieron a mí, per
Vox Cor

¡Ahhh! No se imaginan lo mucho que quiero a estos personajes, y al historia en general, espero que la disfruten tanto como yo. Por cierto, en mi perfil, también tengo otras historias en curso: Salvada por el jefe de la mafia, y Bajo el dominio de Arthur Orlov, tienen una dinamica un poco parecida con esta así que, si gustan, pueden pasarse por allí. ¡Bendiciones!

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