Mi protector.
Anastasia.
—¡Basta!
Desperté en medio de la madrugada sudando, y con el corazón en la garganta.
Me paré de la cama, corrí hacia el baño. Abrí el grifo y llevé mis manos al agua fría.
En ese momento, mis lágrimas salieron.
Yo estaba bien. No tenía ninguna herida. Solo había sido una pesadilla.
Una donde Lucius, en la camioneta, dejaba de llorar, tomaba mis manos y las golpeaba con una paleta de castigo.
Me miré al espejo, convenciéndome de que esas pesadillas ya sabía manejarlas.
Stacy.
Me giré,