La mujer que amo.
Emily contuvo el aliento. Parecía que todo estaba comenzando a aplastarla. Ver aquella escena era devastadora. Leónidas no apartaba a Anastasia, y esta se veía segura, un poco fría.
La rubia supo que había cometido un error con aquél comentario sin siquiera confirmarlo. Su corazón latió con miedo, también furia. Le tembló el labio al hablar.
—¿In-terrumpo algo?
Leónidas se dio cuenta de su estado. Mejillas rojas. Parecía a punto de llorar. La conocía a la perfección. Y le dolía verla así, pero