Beltaine mascullaba entre dientes, cada palabra salía como un gruñido mientras intentaba encontrar una posición cómoda en su asiento.
—¡Ese Alfa desgraciado!—exclamó con una mezcla de dolor y burla, ajustándose en el asiento como si pudiera escapar de su propia piel.
Los costados le ardían y el vientre le palpitaba, recuerdos risueños de las cosquillas salvajes del licántropo. Marcas moradas decoraban su piel, testimonio de un agarre tan firme como inesperado.
—Por su culpa, estoy hecha un mapa