—¿De verdad? ¿Te soltó esa barbaridad así, sin anestesia?
Beltaine no daba crédito. Si no fuera porque veía a su colega hecha un manojo de nervios, asintiendo con una intensidad que rozaba la histeria, habría pensado que era una broma de mal gusto. ¿Bastian, su compinche de mil batallas, estaba tan mal?
—Esa mirada... era como si el mismísimo invierno se posara en sus ojos, por eso quería salir de ahí como alma que lleva el diablo. Pero justo cuando me lancé a la carrera, esquivando y zigzaguea