Beltaine quedó momentáneamente en blanco, sumida en un torbellino de pensamientos sobre cómo rescatar a su Alfa de la situación crítica en la que se encontraba. ¿Cómo diablos podría sacar esa hoja de espada vampírica que se había clavado tan profundamente en el cuello de Kyrios?
Tan absorta estaba en sus cavilaciones que ni siquiera oyó el llamado del hombre lobo.
—¿Cabeza de fuego?
Silencio.
—¿Beltaine?
Nada.
—¡Beltaine!
Parecía que la pelirroja se había adentrado en un universo paralelo.
Ento