—¿Qué onda, Melissa? Ambas sabemos que no apareciste solo para charlar sobre viejos tiempos —Seraphina miró fijamente a su amiga, con una expresión de preocupación.
Melissa soltó un suspiro y se dejó caer en el cómodo sofá, su mirada perdida en el techo impoluto de la sala.
—¿No ha habido ningún problema por tu lado en estos días? —preguntó con un dejo de curiosidad.
—Si me preguntas eso, es porque algo sucedió contigo, ¿verdad? Entonces, ¿qué pasó? —Seraphina se sentó frente a su amiga, lista