Dentro, la niña se levantó lentamente, caminando de puntillas hacia la puerta. Puso su oreja contra la madera, escuchando el suave susurro de la tela del abrigo de alguien rozando la puerta. Suspiró aliviada al no escuchar ninguna conversación predicadora, pero seguía cautelosa.
—¿Quién osa tocar a estas horas?—susurró para sí misma antes de elevar la voz como si hablara con alguien más—. ¡Ya voy, mamá, no te preocupes!—la puerta se abrió lentamente—. ¿Quién anda ahí?
Cuando la rendija se ampli