Chiara:
—Bueno, creo que podemos afirmar sin ningún tipo de duda, que el cretino de Sanpier se puso él mismo la soga al cuello.
Adrián se ríe, como un verdadero loco y me contempla.
Yo comprimo los labios en una mueca.
No me siento bien. Llevo dos días con un terrible dolor de garganta.
Después de que me metí con el niño en la bandera, y Vi que no mejoraba, me sequé con rapidez y salí de mi apartamento pitando, en dirección al hospital.
Un escalofrío me recorre.
—¿ Qué hacemos ahora, jefa? – me